El diagnóstico de la osteoporosis como ejemplo de impregnación de un concepto estadístico

Un ejemplo extraordinario para ver cómo los conceptos estadísticos pueden impregnar a otras materias lo encontramos, en Medicina, en el diagnóstico de la Osteoporosis.

Para el diagnóstico de esta importante enfermedad ósea se usa la densitometría ósea. Esta prueba suele hacerse en la región lumbar y en el cuello del fémur. Los resultados de tal prueba se suelen presentar mediante dos valores: La T y la Z. Se trata de dos valores que miden, mediante un mecanismo conceptual estadístico, la posición relativa de la densidad ósea de una persona respecto a una determinada población de referencia.

La T mide la posición relativa de los valores de una persona determinada respecto a los de una población de personas jóvenes (20 a 29 años) del mismo sexo.

La Z mide lo mismo que la T pero la población de referencia es, ahora, la formada por una población de la misma edad y del mismo sexo que la persona analizada.

Pero, ¿cómo se mide esta posición relativa? Porque podría hacerse de formas distintas. Por ejemplo, en Pediatría, la altura, el peso o el perímetro craneal de un niño también se expresa como posición relativa respecto a una población de referencia, pero en este caso se expresa siempre en forma de percentiles.

En Osteoporosis esta posición relativa se mide de una forma sorprendente, se mide en unas unidades un tanto especiales: en desviaciones estándar. En desviaciones estándar respecto a la media. Distinguiendo no sólo la distancia a la media en estas unidades sino mediante el signo positivo o negativo según ocupe una persona una posición por encima o por debajo de la media del grupo de referencia.

Por ejemplo, si la variable de densidad ósea estudiada sigue, en la población de referencia, una distribución N(0.6, 0.1), entonces si una persona tiene un valor de 0.4 de densidad ósea, tiene -2 desviaciones estándar (DE), porque como la DE de la población es 0.1, esta persona respecto a la población está en una posición por debajo de la media, que es 0.6, y en concreto a su valor (0.4) se llega restándole a la media 2 DE. Una persona que tuviera un valor de 0.7 estaría en una posición de +1DE. Porque de 0.6 a 0.7 se llega sumando 1 DE.

Por lo tanto, la T y la Z es justo esto: la posición de la persona respecto a la población de referencia expresado en estas unidades tan especiales: en desviaciones estándar por encima de la media (positivas, entonces) o en desviaciones estándar por debajo de la media (negativas, entonces).

La diferencia entre la T y la Z está únicamente en cuál es la población de referencia. Lógicamente una persona mayor tendrá una T más baja (más negativa o menos positiva) que la Z, porque en la T se la compara con jóvenes y en cambio en la Z se la compara con personas de su misma edad. Y con la edad se tiende a perder densidad ósea. En cambio, en una persona joven, entre 20 y 29 años, la T y la Z deben coincidir porque la población de referencia es la misma.

Tomando la T, como valor de diagnóstico fundamental, suele decirse que una persona tiene Osteopenia si su valor está entre -1 y -2.5, y que tiene Osteoporosis si su T es menor que -2.5.

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